Oswaldo: El portero con cuatro manos

h1 Junio 23rd, 2006

Vamos Oswaldo
Oswaldo Sánchez se había imaginado su debut en un Mundial de otra manera. Pero a sus 32 años, el arquero de México está disputando su primer torneo planetario como titular con el corazón encogido por la muerte.

Sánchez, suplente en Francia 98 de Jorge Campos y en Corea/Japón 2002 de Oscar Pérez, estuvo a punto incluso de no participar. Su progenitor y según él “mejor amigo”, Felipe, falleció de un infarto repentino a los 55 años tres días antes de que México iniciase ante Irán su participación en Alemania 2006.

El arquero se subió inmediatamente a un avión, asistió al sepelio, y regresó a tiempo para jugar. “Era su ilusión y la mía, no podía perdérmelo por nada del mundo”.

La reacción unánime de apoyo que le brindó el país, coronada con los 200.000 dólares que reunieron los dueños de todos los clubes de la primera división mexicana para pagarle el “jet” privado de vuelta a Alemania, son muestra suficiente del cariño que el arquero se granjeó en el país, por su carrera y por su personalidad.

A los 32 años, Sánchez es uno de los porteros más seguros del mundo. Con la tranquilidad de la veteranía, pero la ilusión de un novato, el “tapatío” (natural de Guadalajara) sigue entrenando sin descanso para mantener o incluso mejorar las cualidades que ya lo distinguen: perfecta colocación, buenos reflejos, gran capacidad en las salidas y, sobre todo, mucha jerarquía sobre su defensa.

Desde que debutó en primera división en 1993 con Atlas, Sánchez fue elegido en varias ocasiones el mejor portero de México. En 1996 se marchó al América, y desde 1998 defiende el arco de Chivas de Guadalajara, uno de los equipos con más apoyo popular en todo el país con unos 30 millones de hinchas.

Casado y con cuatro hijos, bromista sin fin y adorado por sus compañeros y por el público, el arquero de 1,85 metros y 84 kilos de peso tiene mañana la responsabilidad de cerrar la portería ante Argentina.

Como todos los mexicanos, Sánchez espera que no se llegue a los “malditos” penales. En su caso, su única experiencia fue negativa: en el Mundial juvenil de 1993 no pudo impedir que México cayese por 5-4 desde los once metros ante Inglaterra.

Pero si el destino depara otra definición desde los once metros, el muy católico arquero no sólo confía en contar con lo aprendido en los trece años que pasaron desde la triste noche ante los ingleses, sino con una ayuda especial recién llegada al cielo: “En este Mundial paro con cuatro ojos y cuatro manos”.

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